ANÁLISIS DEL LIBRO EL HOMBRE MÁS RICO DE BABILONIA
RESUMEN DEL CAPÍTULO 4 LA DIOSA DE LA FORTUNA
Si un hombre tiene suerte, es imposible predecir el tamaño de su riqueza. Todos esperamos la gracia de la caprichosa diosa de la fortuna.
¿Hay algún modo de atraer la suerte?
Esto es precisamente lo que los habitantes de la antigua Babilonia querían saber y lo que decidieron descubrir. Eran clarividentes y grandes pensadores. En su interior, todos los hombres eran iguales. Uno de los hombres que frecuentaban el Templo del Conocimiento era Arkad, hombre sabio y opulento del que se decía que era el más rico de Babilonia.
Existía una sala especial en la que se reunían, casi todas las tardes, un gran número de hombres,unos viejos y otros jóvenes, pero la mayoría de edad madura, y discutían sobre temas interesantes. El sol acababa de ponerse,semejante a una gran bola de fuego brillante a través de la bruma del desierto polvoriento,cuando Arkad se dirigió hacia su estrado habitual.Unos cuarenta hombres esperaban su llegada,tumbados en pequeñas alfombras colocadas sobre el suelo. -¿De qué vamos a hablar esta tarde? preguntó Arkad.
Tras una breve indecisión, un hombre altor, un tejedor, se levantó, como era costumbre, y le dirigió la palabra.
-apremiado por Arkad y los demás, continuó-. Hoy he tenido suerte, ya que he encontrado una bolsa que contenía unas monedas de oro. Me gustaría mucho seguir teniendo suerte y como creo que todos los hombres comparten conmigo este deseo, sugiero que hablemos ahora sobre cómo atraer la suerte para que, de ese modo, podamos descubrir las formas que podemos ,emplear para seducirla. Un tema realmente interesante --comentó Arkad-.
Otros creen que la creadora de la buena suerte es la benévola diosa Ishtar, siempre deseosa de recompensar a sus elegidos por medio de generosos presentes. -Para empezar -prosiguió Arkad-, escuchemos a todos los que se encuentren aquí que hayan tenido experiencias parecidas a la del tejedor, que hayan encontrado o recibido, sin esfuerzo por su parte, valiosos tesoros o joyas. -¡Qué! ¿Nadie? -dijo Arkad-. -Yo contestó un hombre joven y bien vestido mientras se levantaba-.
Sigue con tu historia. Dinos si la diosa te ha ayudado en las salas de juego. -Un buen principio -interrumpió Arkad-. -Eso me recuerda las carreras de caballos de ayer -gritó uno de los asistentes-.
Si la diosa frecuenta las salas de juego,seguramente no dejará de lado las carreras, con esos carros dorados y caballos espumadores. Yo estaba justo detrás te vos, y no daba crédito a mis oídos cuando os escuché apostar a los grises.
Arkad sonrió con indulgencia. Yo la veo como una diosa de amor y de dignidad a la que le gusta ayudar a los necesitados y recompensar a los que lo merecen. No la busco en las salas de juego ni en las carreras donde se pierde más oro del que se gana, sino en otros lugares donde las acciones de los hombres son más valerosas y merecen recibir una recompensa. Al cultivador, al honrado comerciante, a los hombres de cualquier ocupación se les presentan ocasiones para sacar provecho tras el esfuerzo y las transacciones realizadas.
Quizás el hombre no siempre reciba una recompensa, porque su juicio no sea el más adecuado o porque el tiempo y el viento a veces hacen fracasar los esfuerzos. Pero si un hombre arriesga en el juego --continuó Arkad-ocurre exactamente al revés, porque las posibilidades de ganar siempre favorecen al propietario del lugar.El juego está hecho para que el propietario que explota el negocio consiga beneficios. Es su comercio y prevé realizar grandes beneficios de las monedas que tuestan los jugadores.
Pocos jugadores son conscientes de que sus posibilidades son inciertas, mientras que los beneficios del propietario están garantizados. -Pero a veces hay hombres que ganan grandes sumas -dijo de forma espontánea uno de los asistentes. -Es cierto, eso ocurre -continuó Arkad-. Me doy cuenta de ello, y me pregunto si el dinero que se gana de este modo aporta beneficios permanentes a los que la fortuna les sonríe de esta manera.
Conozco a muchos hombres de Babilonia que han triunfado en los negocios, pero soy incapaz de nombrar a uno sólo que haya triunfado recurriendo a esa fuente.
-Parece que nosotros no buscamos la suerte en estos lugares cuando la diosa los frecuenta -continuó- . Tampoco hemos encontrada sacos de monedas perdidos ni hemos visto la diosa en las salas de juego. En cuanto a las carreras, debo confesaros que he perdido mucho más dinero del que he ganado. A veces pienso que ignoramos los presentes de la diosa.
-Con vuestro permiso, honorable Arkad y mis queridos amigos, quiero haceros una sugerencia.Habrían sido raros ejemplos de fortuna si se hubieran realizado. Probablemente aquí hay hombres que pueden contar este tipo de experiencias. -Esta es una reflexión sabia -comentó Arkad-.
Arkad le hizo un ademán para que hablara. -Con gusto os contaré un hecho que he vivido y que servirá de ilustración para demostrar hasta qué punto la suerte puede acercarse a un hombre y cómo éste puede dejar que se le escape de las manos a pesar suyo. Hace varios años, cuando era joven, recién casado y empezaba a ganarme bien la vida, mi padre vino a verme y me indicó que tenía que hacer una inversión urgentemente.El hijo de uno de sus buenos amigos había descubierto una zona de tierra árida no lejos de las murallas de nuestra ciudad.
El hijo del amigo de mi padre ideó un plan para comprar esta tierra y construir en ella tres grandes ruedas que, accionadas por unos bueyes,consiguieran traer agua y dar vida al suelo infértil.Una vez realizado esto, planificó dividir la tierra y vender las partes a los ciudadanos para hacer jardines. El hijo del amigo de mi padre no poseía suficiente oro para llevar a cabo tal empresa. Era un hombre joven que ganaba un buen sueldo,como yo.
Su padre, como el mío, era un hombre que dirigía una gran familia y con pocos medios. Por eso,decidió que un grupo de hombres se -interesarán por su empresa. El grupo debía estar formado por doce personas con buenas ganancias y que decidieran invertir la décima parte de sus beneficios en el negocio hasta que la tierra estuviera lista para su venta. Entonces, todos compartirían de forma equitativa los beneficios según la inversión que hubieran realizado.
-Hijo mío -me dijo mi padre-, ahora eres un hombre joven. -Eso me gustaría mucho, padre contesté. Guarda la décima parte de tus beneficios para hacer inversiones. Con la décima parte de tus beneficios y lo que te proporcionarán,podrás, antes de tener mi edad, acumular una gran suma.
-Padre, usted habla con sabiduría. Deseo fervientemente poseer riquezas, pero gasto mis ganancias en muchas cosas y no sé si hacer lo que me aconseja. -Vivimos en una época diferente, padre. Si hubiera aceptado invertir la décima parte de mis ganancias en esa empresa,hubiéramos tenido que privarnos de esas vestimentas y de otros placeres que deseábamos.
Esta es mi historia y muestra cómo permití que la fortuna se me escapara. -En esta historia vemos que la suerte espera y llega al hombre que aprovecha la oportunidad -- comentó un hombre del desierto de tez morena-. Puede ser unas monedas de oro o de plata que un hombre consigue de sus ganancias por su primera inversión.
comentario personal acerca de la SUERTE.
La suerte puede ser calificada como el resultó positivo y negativo de un suceso poco probable sobre una cuestión en sí que sería poco probable qué suceda
RESUMEN CAPÍTULO 5 LAS CINCO LEYES DE ORO
Escuchad a los perros salvajes a lo lejos, en la noche. Exactamente igual que los hijos de los hombres. El oro está reservado a aquellos que conocen sus leyes y las obedecen. Kalabab cubrió sus delgadas piernas con la túnica blanca,pues la noche era fría y el viento soplaba con fuerza.
-Porque me habéis servido fielmente durante nuestro largo viaje, porque habéis cuidado bien de mis camellos, porque habéis trabajado duro sin quejaros a través de las arenas del desierto y porque os habéis enfrentado con valentía a los ladrones que han intentado despojarme de mis bienes, esta noche voy a contaros la historia de las cinco leyes del oro, una historia como jamás habéis escuchado antes. En ti vemos la sabiduría que nos guiará cuando tengamos que dejar de servirte. -Os he contado mis aventuras en tierras lejanas y extranjeras, pero esta noche voy a hablaros de la sabiduría de Arkad, el hombre sabio que es muy rico. -Hemos oído hablar mucho de él -reconoció el jefe de la caravana-, pues era el hombre más rico que jamás haya vivido en Babilonia.
-Era el hombre más acaudalado porque usaba el oro con sabiduría, más de lo que cualquier otra persona lo hizo anteriormente. Esta noche voy a hablaros de su gran sabiduría tal como Nomasir,su hijo, me habló de ella hace muchos años en Nínive, cuando yo no era más que un joven. Mi maestro y yo nos habíamos quedado hasta bien entrada la noche en el palacio de Nomasir. Yo había ayudado a mi maestro a llevar los grandes rollos de suntuosas alfombras que debíamos mostrar a Nomasir para que éste hiciera su elección.
Entonces nos contó la historia de la gran sabiduría de Arkad, su padre, la misma que voy a contaros.Como sabéis, según la costumbre de Babilonia,los hijos de los ricos viven con sus padres a la espera de recibir su herencia. « Sin embargo,debes demostrar que eres capaz de administrarlos con sabiduría. Si lo utilizas con sabiduría, construirás las bases de tu futuro éxito.»En segundo lugar, te doy esta tablilla de arcilla donde están grabadas las cinco leyes del oro.
«Dentro de diez años, volverás a casa de tu padre y darás cuenta de tus actos. Así pues, Nomasir partió para vivir sus propias experiencias,llevándose consigo el saco de oro, la tablilla cuidadosamente envuelta en seda, su esclavo y caballos sobre los que montaron. Los diez años pasaron rápidamente y Nomasir, como habían convenido, volvió a casa de su padre, que organizó un gran festín en su honor, festín al que estaban invitados varios amigos y parientes.Terminada la cena, el padre y la madre se instalaron en sus asientos ubicados en la gran sala, semejantes a dos tronos, y Nomasir se situó frente a ellos para dar cuenta de sus actos tal como había prometido a su padre.
Era de noche. Impacientes por escucharle, la mujer de Nomasir y sus dos jóvenes hijos, amigos y otros miembros de la familia se sentaron sobre las alfombras detrás de él.»Padre, empezó con deferencia, me inclino ante vuestra sabiduría.Hace diez años, cuando yo me encontraba en el umbral de la edad adulta, me ordenasteis que partiera y me convirtiera en hombre entre los hombres, en lugar de seguir siendo el simple candidato a vuestra fortuna. « Me disteis mucha de vuestra sabiduría.
El padre sonrió con indulgencia.»Continúa, hijo mío, tu historia me interesa hasta el mínimo detalle«.»Decidí ir a Nínive porque era una ciudad próspera, con la esperanza de poder encontrar buenas oportunidades allí. Dos hombres,conocidos por poseer el caballo blanco más hermoso, tan rápido como el viento, formaban parte de la caravana. «Durante el viaje, me confiaron que en Nínive había un hombre que poseía un caballo tan rápido que jamás había sido superado en ninguna carrera. Estaba dispuesto a apostar cualquier cantidad, por muy elevada que fuera, a que su caballo podía superar a cualquier otro caballo en toda Babilonia. »
« El padre rió. Más tarde descubrí que era un plan fraudulento organizado por aquellos hombres, y que viajaban constantemente en caravanas en busca de nuevas víctimas. Como podéis suponer,el hombre de Nínive era su cómplice y compartía con ellos las apuestas que ganaba. » Era hijo de padres ricos como yo y se dirigía a Nínive para conseguir una situación aceptable.
Diciéndome que podríamos ser socios a partes iguales, pero que primero tenía que volver a Babilonia para depositar su dinero en un lugar seguro, me convenció para que comprara la mercancía con mi oro. «Retrasó su viaje a Babilonia, y resultó ser un comprador poco prudente y malgastador. Malvendí lo que quedaba a un israelita por una suma irrisoria.»Los días que siguieron fueron amargos, padre.«Durante aquellos días de miseria, recordé vuestra confianza en mí, padre.
Me habíais enviado a la aventura para que me convirtiera en un hombre, y estaba decidido a conseguirlo. La madre ocultó su rostro y lloró tiernamente.»En aquel momento me acordé de la tablilla que me habíais dado y en la que habíais grabado las cinco leyes del oro. Entonces leí con mucha atención vuestras palabras de sabiduría y comprendí que si primero hubiera buscado la sabiduría, no hubiera perdido todo mi oro.Memoricé todas las leyes y decidí que cuando la diosa de la fortuna me volviera a sonreír, me dejaría guiar por la sabiduría de la edad y no por una juventud inexperta.
«En beneficio de los que están aquí sentados, voy a leer las palabras de sabiduría que mi padre hizo grabar en la tablilla de arcilla que me dio hace diez años.
LAS CINCO LEYES DE ORO
El oro acude fácilmente, en cantidades siempre más importantes, al hombre que reserva no menos de una décima parte de sus ganancias para crear un bien en previsión de su futuro y del de su familia. El oro permanece bajo la protección del poseedor prudente que lo invierte según los consejos de hombres sabios. IV El oro escapa al hombre que invierte sin fin alguno en empresas que no le son familiares o que no son aprobadas por aquellos que conocen la forma de utilizar el oro. « El oro huye del hombre que lo fuerza en ganancias imposibles, que sigue el seductor consejo de defraudadores y estafadores o que seña de su propia inexperiencia y de sus románticas intenciones de inversión.»Estas son las cinco leyes del oro tal como mi padre las escribió.
El fin de mis desventuras llegó cuando encontré un empleo, el de capataz de un grupo de esclavos que trabajaban en la construcción de la nueva muralla que tenía que rodear la ciudad. « Mi mayor deseo consiste en acumular oro para reemplazar el que mi padre me había dado y que perdí». Mi experiencia ha sido muy dura porque todo el oro de mi padre ha desaparecido y tengo miedo de que suceda lo mismo con el mío. «.
« Dentro de un año, la muralla que rodeará la ciudad estará terminada y dispuesta a acoger las grandes puertas centrales de bronce destinadas a proteger la ciudad contra los enemigos del rey. En todo Nínive no hay el metal suficiente para fabricar estas puertas y el rey no ha pensado en conseguirlo. Cuando el rey ordene que se hagan las puertas, nosotros seremos los únicos que podremos proporcionar el metal y nos pagará un buen precio. Si el rey no nos compra, siempre podremos revender el metal a un precio razonable».
«En esta oferta reconocí una oportunidad y, fiel a la tercera ley, invertí mis ahorros siguiendo el consejo de hombres sabios. » Aquellos hombres eran sabios a la hora de administrar provechosamente el oro. Gracias a mi asociación con aquellos hombres, aprendí a invertir mi oro con seguridad para que me produjera beneficios.«A lo largo de mis desgracias, mis intentos y mis éxitos, he puesto a prueba la sabiduría de las cinco leyes del oro repetidamente, padre, y éstas se han revelado justas en cada ocasión.
Para aquel que no conoce las cinco leyes del oro,el oro no acude a él y se gasta rápidamente. Pero para aquel que sigue las cinco leyes, el oro acude a él y trabaja como un fiel esclavo. Nomasir dejó de hablar e hizo una señal a un esclavo que se encontraba al fondo de la sala. El esclavo trajo, de uno en uno, tres pesados sacos de cuero
Enumerar las leyes que consideres más importantes y por qué.
Las cinco leyes que estén el libro su orden cómo está sería para mi o mi opinión ceria el correcto y las cinco serían importantes por lo que dicen y porque ese libro no cualquiera pudo hacer eso tuvo que salir de una o varias personas que conocen el tema
RESUMEN CAPÍTULO 6 EL PRESTAMISTA DE ORO EN BABILONIA
El fabricante de lanzas de la vieja Babilonia nunca había llevado tanto oro en su bolsa de cuero.Aquella noche, mientras tomaba una calle transversal y apresuraba su paso hacia la casa de su hermana, no podía pensar en otra cosa más que en esas pesadas y brillantes monedas que ahora le pertenecían. Unos días más tarde, al ponerse el sol, Rodan entró perplejo en la tienda de Maton, prestamista de oro y mercader de joyas y de telas exóticas. Encontró al hombre que buscaba, Maton, tendido en una alfombra y saboreando la comida que le había servido su esclavo negro.
-Me gustaría pediros consejo porque no sé qué hacer. Rodan estaba de pie con las piernas abiertas y por debajo de la chaqueta de cuero entreabierta se adivinaba su pecho velludo. La figura delgada y pálida de Maton le sonrió y le saludó con afabilidad. He venido porque espero que puedas darme un sabio consejo.
Nadie viene a ver al prestamista de oro para que le dé un consejo. Rodan, el fabricante de lanzas,es más astuto que nadie. Por eso visita a Maton,no para pedirle que le preste oro, sino para pedirle consejo. Comerás conmigo, Rodan -continuó diciendo-.
Esta noche, tú serás mi invitado. ¡Ando! ordenó a su esclavo negro, extiende una alfombra para mi amigo Rodan, el fabricante de lanzas, que ha venido para que le aconseje.
-Me dio cincuenta monedas de oro porque le gustó mucho el diseño de las nuevas lanzas de la guardia real y ahora estoy muy apurado. -Seguramente tu hermana no querrá privarte de la alegría de tu recompensa. Cree que nunca ha tenido suerte y quiere que le preste el oro para que pueda convertirse en un próspero mercader y después devolverme el dinero con los beneficios.-Amigo mío prosiguió Maton-.
El granjero, que entendía lo que decían los animales entre ellos, todas las noches se paraba sólo para escuchar lo que hablaban. El asno, a pesar de sus peligrosos cascos, era de naturaleza buena y simpatizaba con el buey. Amigo mío,respondió, trabajas mucho y me gustaría aliviar tu suerte. Por la mañana, cuando venga a buscarte el esclavo para la labranza, tiéndete en el suelo y empieza a mugir sin cesar para que diga que estás enfermo y---que no puedes trabajar.
Entonces, el buey siguió el consejo del asno y a la mañana siguiente, el esclavo se dirigió a la granja y le dijo al granjero que el buey estaba enfermo y que no podía arrastrar el arado. «En este caso, dijo el granjero, unce al asno pues igualmente hay que labrar la tierra». Durante todo el día, el asno que solamente había querido ayudar a su amigo, se vio forzado a hacer el trabajo del buey. Por la noche, cuando lo desengancharon del arado,tenía el corazón afligido, las piernas cansadas y le dolía el cuello porque la yunta se lo había irritado.
El granjero se acercó al corral para escuchar. El buey empezó primero. «Eres un buen amigo.Gracias a tu sabio consejo, he disfrutado de un día de descanso».
«En cambio yo, replicó el asno, soy un corazón compasivo que empieza por ayudar a un amigo y termina por hacer su trabajo. A partir de ahora, tú arrastrarás tu propio arado porque he oído que el amo decía al esclavo que fuera a buscar al carnicero si todavía seguías enfermo. » .
Voy a enseñarte las monedas que tengo en mi cofre y voy a dejar que te cuenten algunas historias. Llevó a la habitación un cofre tan largo como su brazo, cubierto con piel de cerdo roja y adornado con figuritas de bronce. -Exijo una garantía de cada persona a quien presto dinero y la dejo en el cofre hasta que me devuelven el dinero. El cofre me demuestra que lo más seguro es prestar dinero a aquellos cuyas posesiones tienen más valor que el oro que desean que les preste.
Tienen tierras, joyas, camellos u otros objetos que se pueden vender como pago del préstamo.Algunas de las prendas que me dan tienen más valor que el préstamo. Gracias a esta clase de préstamos, me aseguro de que me devolverán el oro con intereses ya -que el préstamo se basa en el valor de las propiedades. Los otros son los que no poseen propiedades ni tampoco ganan dinero.
Mi cofre podría reprocharme más tarde que les prestara dinero aunque sea menos que un céntimo, a menos que buenos amigos del que me ha pedido el dinero me garantizaran su devolución. Maton soltó el cerrojo y abrió la tapa.Rodan se acercó a mirar con curiosidad. Maton tomó la joya y la acarició con cariño.
-Esta prenda siempre estará en mi cofre porque su propietario está muerto. La conservo cuidadosamente y me acuerdo mucho de él porque era un buen amigo. Hicimos muy buenos negocios juntos hasta que trajo a una mujer del Este, que no se parecía en nada a nuestras mujeres, con la que se casó. -¿Y ella...? -preguntó Rodan.
Maton cogió la bella tela color escarlata. El cofre te explica, Rodan, que los que piden dinero prestado y son muy apasionados, constituyen un gran riesgo para el prestamista de oro. Buscó un anillo esculpido en un hueso de buey. -Esta joya pertenece a un granjero.
Yo compro las alfombras que sus mujeres tejen.Le ayudé y a la cosecha siguiente, me devolvió el dinero. Tenían el pelo tan suave y fino que sus mujeres podrían tejer las alfombras más bellas que se hubieran visto jamás en Babilonia. Quería poseer ese rebaño pero no tenía dinero.
Ahora ya tiene su rebaño y el año que viene, voy a sorprender a los amos de Babilonia con las alfombras más caras que nunca hayan tenido la oportunidad de comprar. Insiste en devolverme el dinero rápidamente. -¿Acaso hay personas que piden dinero prestado que hacen esto? -inquirió Rodan. -Si me piden dinero con el fin de ganarlo,lo adivino y acepto prestarlo.
-Cuéntame la historia de esta joya -pidió Rodan mientras tomaba con sus manos un brazalete de oro incrustado de extraordinarias piedras. -Te interesan las mujeres, amigo mío bromeó Maton. -Soy bastante más joven que tú -replicó Rodan.Antaño tenía mucho dinero y su hijo y ella eran buenos clientes pero el tiempo les trajo desgracias.
Un día vino a mi casa y me pidió dinero prestado para que su hijo pudiera asociarse con el propietario de una caravana que viajaba con sus camellos y trocaba en una ciudad lo que compraba en otra. El hombre demostró ser un canalla porque dejó al pobre chico en una ciudad lejana sin dinero y sin amigos, tras abandonarlo mientras dormía. Quizá cuando sea adulto, me devolverá el dinero. Desde entonces, no recibo ningún interés por el préstamo, sólo palabras vanas.
Pero reconozco que las joyas valen el préstamo.
Al contrario, se imaginó que su hijo era un hombre poderoso y rico de Babilonia. Sabía que corría un riesgo porque su hijo era inexperto pero como ella ofrecía la garantía, no pude negarle el préstamo. -Esto -continuó Maton mientras agitaba un pedazo de cuerda anudado- pertenece a Nebatur, el comerciante de camellos. Cuando compra un rebaño que cuesta más de lo que él posee, me trae este nudo y yo le hago un préstamo según sus necesidades.
Confío en su juicio y puedo prestarle dinero tranquilamente. Muchos otros mercaderes de Babilonia también gozan de mi confianza porque su conducta es honrada. Los objetos que me entregan en depósito entran y salen regularmente del cofre. Los buenos mercaderes forman un activo en nuestra ciudad y para mí, es beneficioso ayudarles a mantener vivo el comercio para que Babilonia sea próspera.
Maton tomó un escarabajo esculpido en una turquesa y lo lanzó desdeñosamente al suelo.Para asegurarse una fortuna rápida, piden dinero prestado con imprudencia.
Respecto a qué se refiere la siguiente frase “VALE MÁS PREVENIR QUE CURAR”
Vale más prevenir que curar su significado sería que es mejor adoptar los medios necesarios para que una situación no pase a mayores para que después quede en un final sin solución
Nombre: José Andrés Lucero Rosil



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